¿Dar lo que pide o dar lo que necesita?
¿Cuántas veces no hemos escuchado aquello de: “no lo haces porque no me quieres. Si me quisieras, lo harías”?
Y es que estar en pareja es fácil siempre y cuando no tengamos un bagaje complicado de parejas anteriores.
Las vivencias anteriores en pareja marcan nuestras actitudes posteriores para estar en pareja. Si tu pareja ha tenido experiencias traumáticas, esperar que contigo tenga una relación sana y estable va a ser un planteamiento irreal.
La pareja que ha vivido situaciones traumáticas, perjudiciales para la salud mental y desestabilizantes, traerá a la pareja inseguridades que suplirá con “castigos”, comunicación mediante chantaje emocional y controles que justificará como necesarios.
En estos casos va a ser necesario poner muchos límites y ajustarse a las demandas realizadas por parte de la pareja de una forma realista. Si hacemos esto será necesario dar a la pareja lo que necesita, pero no lo que pide.
Las demandas de una persona con inseguridades derivadas de vivencias y convivencias con otras parejas, suelen ir dirigidas a paliar las inseguridades que ha aprendido a establecer con la conducta que se ha desarrollado para con ella.
Obligarnos a realizar cosas para que se sienta segura, no garantiza su seguridad, lo que garantiza es perpetuar una duda y unas conductas que arrastra de esa relación tóxica.

“Es que ya lo viví una vez, no quiere volver a vivirlo”.
“Es que con mi anterior pareja esto era un horror, no quiero volver a revivirlo”
Y querer lo contrario nos lleva a perpetuar conductas cíclicas e igualmente tóxicas. Aprender que no todas las personas son iguales, y ante situaciones similares habrá diferentes maneras de reaccionar y de comportarse es fundamental.
No podemos limitar nuestra conducta por la inseguridad de nuestra pareja. Sí es cierto que habrá que hacer concesiones, que habrá que modificar salidas, formas de salir, relaciones con otras personas (sean del tipo que sean estas relaciones), pero siempre desde la aceptación y desde la coherencia de la petición para asentar la pareja.
No podemos obligar al otro a comportarse como nos viene bien. Debemos aceptar al otro tal y como se comporta o no estar, pero obligar a modificar su conducta para tener nosotros seguridad hará que se perpetúe por nuestra parte las conductas de duda, recelo, hipervigilancia y frustración.
Nosotros como pareja debemos establecer también límites a estas demandas de modificación de conducta. Pero debemos hacerlo también desde el respeto, no desde el “soy así y ya está, si lo quieres bien y si no, también”. No se traba de establecer ese tipo de límite. Se trata de indicar que no a una petición que se plantea desde la inseguridad, desde el chantaje emocional para conseguir de nosotros una conducta que no tenemos.
¿Cómo conseguirlo?
- La comunicación es importante, pero una comunicación productiva. Hablar por el mero hecho de estar hablando no significa que vayamos a entendernos. Hablar mucho está bien, pero entenderse aún está mejor. Hablar mucho no significa entendernos. Entendernos significa que el otro nos está escuchando, sin “cabezonerías” para conseguir lo que quiere, sino valorando opciones y formas de estar más tranquilo dentro de la relación.
- Cultivar la confianza. Es algo frágil, algo quebradizo. Si tenemos la necesidad de esconder cosas a nuestra pareja, quiere decir que esas cosas no serían aceptables en un entorno normal. Esconder par que no se enfade, va a hacer que luego se enfade más. Hay que afrontar la incomodidad momentánea para luego estar tranquilos más adelante. Hay bolas de mentiras y cosas encondidas que han generado eclipses solares.
- No sostener el vínculo por sostenerlo porque no hay nada más. Aferrarse a relaciones por miedo a la pérdida, a la soledad o al abandono acaba con un final de relación estrepitoso.
¿Seguimos?

