Relaciones de pareja
Por aquello del mes del amor y las relaciones de pareja…

Toda relación de pareja, cuando inicia, entra en esa etapa de enamoramiento que llama mucho la atención, que es muy explosiva, que requiere mucha atención y dedicación y que ese tiempo y espacio valen la pena por los resultados que se obtienen: atención, admiración, atracción y dedicación excesiva por novedad y por aporte de endorfinas y oxitocina.
Pero toda esa explosión química que se produce no dura eternamente (spoiler). La etapa del enamoramiento (etapa de exceso y de sentir exagerado) debe evolucionar hacia el amor, una etapa más tranquila, sosegada, de implicación, compromiso y validación hacia el otro.
Si ese cambio, que se produce de forma natural, no se produce, la relación se vive con angustia, descontrol, apego desordenado y situaciones extremistas que degeneran en obsesión, necesidad de control por no ser correspondidos de la misma forma, exigencias y peticiones estrafalarias que acaban destruyendo lo que en un principio parecía un cuento de hadas.
La limerencia no es amor. Permanecer en una relación donde no se evoluciona hacia ningún sitio, que no se define en ningún sentido, no es amor. Intentar que funcione todo como al principio de los principios es imposible y sigue sin ser amor.
Una relación significa establecer lazos con otra persona, compromisos, apoyo, validación, resolución de conflictos (que los va a haber inevitablemente), muestras de afecto y cariño, así como intimidad, tanto personal como sexual, toma de decisiones conjunta, comunicación, más allá del mero hecho de dar información, fidelidad, seguridad…
Comunicar cuando el otro no está dispuesto a escuchar se convierte en una tarea titánica, carente de sentido y con esfuerzos no recompensados.
Si nos quedamos en las primeras fases de una relación, todo es superficial, exagerado y dando y recibiendo de forma constante la mejor versión al otro y del otro. Esas versiones que damos al principio en la etapa de enamoramiento no son la realidad. La realidad tiene tiempos, obligaciones laborales, familiares y sociales que requieren de nosotros tiempo y espacio. Esa vuelta a la “normalidad” en una relación hace que se tome como desinterés o desafección, cuando no lo es.
Confundimos muchas, demasiadas veces, enamoramiento con amor. Y así nos va en muchas relaciones de ida y vuelta, de corta duración o de intercambio físico y de poca profundidad.
(spoiler) No, no conocemos a una persona por hablar con ella por teléfono, por chat o por una app. No, no nos hemos enamorado ni queremos a una persona con la que hemos pasado apenas 15 horas (3 citas aprox.) con ella hablando o compartiendo.
Diferencias entre enamoramiento y amor:
Nos enamoraremos cuando veamos que nuestra autoestima no se ve cuestionada, ni peligra, ni se daña por estar con otra persona. Cuando no necesitamos ser otra persona que nosotros mismos, cuando no tenemos que fingir por encajar o por ser aceptados. Cuando no tengamos que adaptarnos a lo que pensamos que quieren o desean de nosotros (¡pensamos que el otro piensa… Uf!).
Nos enamoramos cuando pasamos tiempo, experimentamos, compartimos, hablamos, defendemos, explicamos, mostramos cariño y atención, damos espacio, estamos atentos, escuchamos para entender (y no para responder), no imponemos, aceptamos… Y así, poco a poco, vamos construyendo una relación basada en el amor y en el respeto del uno al otro.
¿Seguimos?

